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Pensamientos sobre “Open”, las memorias de Andre Agassi

AGASSI

“El trabajo más importante del ser humano es descubrir quienes somos” decía el nóbel Hermann Hesse en Shidhartta. Esto significa discriminar qué es mío y qué cosas absorbí de otros, de mi padre, de mi madre, de sus anhelos no cumplidos, de sus manías, de sus conflictos, por mi miedo a ser distinto, por mi temor infantil a ser dejado de lado.

Los seres humanos para conseguir hacernos protagonistas de nuestras propias vidas necesitamos realizar este trabajo interno de arqueología para encontrarnos y descubrir cuales son nuestros propios anhelos, nuestros talentos, nuestras capacidades, aquellas que nacieron con nosotros pero que quizá nunca tuvimos la oportunidad de desarrollar. De lo contrario, malgastaremos el tiempo de nuestra vida completando la vida de otros, atrapados en los conflictos no resueltos de otros, mientras nuestra alma llora en silencio por todas aquellas partes de nosotros mismos que no consiguieron nacer a la vida.

“Open”, el libro de memorias de Andre Agassi es un magnífico reflejo de esta realidad. Ya desde la primera página nos enseña que este no es un libro que habla solo de deporte: “Abro los ojos y no se donde estoy, ni quién soy. No es algo tan excepcional. Llevo media vida sin saberlo. Desde que abro los ojos soy un desconocido para mi mismo (…) juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión y siempre lo he detestado” .

Agassi se abre de verdad –como promete el título- y nos deja entrar a mirar cuales fueron las circunstancias vitales que le llevaron a ser uno de los mejores tenistas de la historia del tenis.

Me interesaron sobre todo los capítulos en los que muestra su historia familiar, su infancia, en los que habla de la presión a la que les sometió su violento padre tanto a el como a su hermano mayor Philly para que hicieran realidad el destino que el había dibujado para ellos. Esto les sometió a una presión tan grande que ambos crecieron con la angustia permanente de ser unos perdedores. Desde la cuna el padre ataba ya una pala de ping-pong a la muñeca de su hijo y le colgaba un móvil de pelotas en el techo, ocupó todo el jardín de la casa con una pista de tenis en la que construyó al “dragón”, una vertiginosa máquina lanza-pelotas ante la que el pequeño Andre pasaba todas, absolutamente todas, las horas libres del día, obligado a devolver las bolas hasta caer agotado.

“Nadie me preguntó nunca si quería jugar al tenis, ni mucho menos si quería hacer del tenis mi vida”, “si tengo que jugar a algo para complacer a mi padre, preferiría al futbol. En el colegio jugamos y me encanta correr por el campo y sentir el viento en el pelo y pedir la pelota a gritos y saber que el mundo no se acaba si no marco un gol”.

Agassi. NIÑO

El libro es un viaje muy interesante de revisión sobre la vida de Andre Aggasi, su infancia, su afortunada rebeldía adolescente que le permitió comenzar a ganar individualidad, a dejar de ser el prisionero de los deseos de los demás. Un viaje sobre su habilidad para seleccionar aquellos buenos amigos y profesionales de los que se iba a rodear desde entonces y que le iban a aportar el apoyo que nunca antes había tenido. Un viaje que le conduce a encontrar su verdadera vocación: la educación, desde la que intentará reparar su propia infancia, a través de proporcionar a otros niños aquello tan importante de lo que él había carecido.

Andre habla de la academia cutre a la que acudía a estudiar, después de sus entrenamientos diarios, como un lugar horrible: “lo que más miedo me da es el momento, que se produce a diario, en el que se me expone ante los demás como un perdedor, un fracasado”. Cuenta que solo era bueno en literatura y que llamó la atención de su profesora escribiendo poemas. Ella en una ocasión se le acercó y le dijo “tienes un verdadero talento para la literatura”.

Puede que al final este sincero libro de memorias, en caso de haber sido escrito de su puño y letra, sea la manifestación de aquel talento que identificó tempranamente su profesora. El triunfo de un talento genuino sobre otro que fue dolorosamente impuesto. “Yo no siento que Wimbledon me haya cambiado. De hecho me siento como si me hubiera hecho partícipe de un secreto sórdido: ganar no cambia nada (…) Se algo que se permite saber a pocas personas en este mundo: las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal nos hacen sentir las derrotas, y las buenas sensaciones no duran tanto como las malas”.

He disfrutado muchísimo leyéndolo. Os lo recomiendo.

Coral López

 

 

 

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