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¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?

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Ante todo es importante diferenciar entre la ansiedad normal, que se da en todos los seres humanos ante una situación nueva o de cambio en la vida, y la ansiedad patológica, que es una reacción exagerada, por su intensidad o por su duración, en la cual la persona se siente angustiada sin saber porqué, o hay una angustia desproporcionada a las situaciones que se están viviendo, cuyas circunstancias no justifican la explosión de tal angustia.

Y partiendo de esta diferenciación me referiré a la ansiedad patológica que es necesaria de ser tratada.

La ansiedad es un síntoma que delata un conflicto latente. Podríamos compararlo con la fiebre como síntoma de un proceso infeccioso; podemos tratar la fiebre, pero, si no curamos la infección, el problema resurgirá.

Por ello, desde nuestro enfoque psicoterapéutico, nos centramos en el conflicto que subyace, en la raíz del problema, que es el que está produciendo ansiedad.  Vamos más allá de la simple eliminación de síntomas, tratamos de entender qué los está produciendo, ofreciendo en el tratamiento una herramienta para traducir la ansiedad en palabras, buscando de dónde proceden los temores que nos hacen sentir un excesivo estado mental de angustia. El síntoma (en este caso, la ansiedad) desaparecerá cuando ya no sea necesario para expresar un conflicto, ya que éste se ha podido resolver verbalmente.

Es frecuente descubrir la ansiedad en el cuerpo: trastornos intestinales, problemas en la piel, insomnio, taquicardias, sudoración excesiva, dificultades respiratorias… Si la ansiedad no se expresa mentalmente a través del lenguaje es el cuerpo el que se encarga de hacerla evidente.

Una vez que el médico advierta que se trata de un problema de ansiedad, es necesario resolverla en un tratamiento de psicoterapia donde se pueda trabajar el conflicto que subyace, ya que la medicación (que en algunos casos severos es necesaria) taparía los síntomas sin entenderlos.

De la elección del tipo de tratamiento dependerá que se resuelva el problema de raíz, o que se camuflen los síntomas.

Patricia Solans

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La Psicoterapia hoy. ¿Podemos vivir sin pensar?

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Algunas emociones son dolorosas y hay personas que prefieren no pensarlas, no saber que existen o intentar no sentirlas.

Me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre que pasa cuando el conflicto que subyace a los síntomas no se trata.

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Cada vez observamos más en las consultas de psicología la llegada de pacientes que viven inmersos en el mundo de la acción y poco en el mundo del pensamiento. Si no profundizamos en este hecho esto podría parecer que tiene poca importancia, pero en realidad si la tiene, pues el mundo de la acción nos lleva a la falta de reflexión y eso supondría hacer las cosas sin pensar, con las consecuencias que ello acarrea.

Cuando un conflicto no se piensa no se puede digerir y por ello, al no dar salida a ese conflicto a través del pensamiento y de la palabra, las posibilidades de darle salida son:

descontrol en la acción
somatizaciones
drogas
psicosis

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Ninguna de estas salidas es saludable para el funcionamiento mental. Pensemos algo sobre cada una de ellas.

Vivir en la acción es una forma de vivir sin pensar. Es una defensa para no pensar cosas dolorosas. Muchas personas viven corriendo de un lado a otro sin detenerse a sentir o a pensar. Otras se enredan en conductas descontroladas como puede ser el comer en exceso o, en un caso extremó, conductas delictivas.

En cuanto a los trastornos psicosomáticos podríamos hacer un paralelismo entre el funcionamiento mental y el funcionamiento del aparato digestivo. Pensar y sentir las emociones es la forma que tiene nuestro aparato mental para digerirlas, elaborarlas. Cuando las emociones no llevan su proceso de digestión mental, es el cuerpo el que se convierte en depositario de ellas sufriendo desde pequeñas molestias (dolores de cabeza, molestias digestivas…) hasta enfermedades de mayor consideración (colitis ulcerosa, obesidad, asma bronquial, algunos desórdenes cardiovasculares, hipertensión, migrañas, algunas enfermedades de la piel, etc).

Una salida muy común y, en parte, socialmente aceptada, al conflicto psíquico, son las drogas. Desde el tabaco que “calma la ansiedad” hasta la heroína que “tranquiliza las angustias más persecutorias”. Pero las drogas, sean en forma de alcohol, de cocaína o, en el mejor de los casos, en forma de “pastillas para la ansiedad”, no resuelven el conflicto, sino que lo camuflan, lo tapan.
Es ahí donde cada cual elige que quiere hacer con su vida: si vivir tapando los problemas y los conflictos o vivir pudiendo pensar en ellos, aunque duelan, porque queramos o no, los conflictos son parte de la vida.

Todas las conductas anteriormente descritas conllevan en mayor o menor grado vivir en la desconexión emocional, pero podríamos decir que en la psicosis esto ocurre como una forma extrema de la mente para no sentir dolor psíquico.

Patricia Solans