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El Juan Salvador Gaviota que llevamos dentro

                              F gaviota

Vi la película de Juan Salvador Gaviota cuando tenía 11 años. Recordaba la banda musical maravillosa de Neil Diamont y las imágenes bellísimas de las gaviotas y el mar, pero no entendí gran cosa. En los años que transcurrieron desde entonces me hice psicóloga y disfruté cada minuto de acompañar a personas y grupos en el esfuerzo por encontrar y potenciar la esencia más verdadera de uno mismo. Esta semana he vuelto a verla y a redescrubrir la historia…

Juan Salvador Gaviota representa la parte de nosotros que no se conforma con repetir lo que otros han probado, que no quiere hacer lo que otros nos dicen que hagamos. Es esa pate  que necesita experimentar por si misma con el afán de llegar más alto, más lejos, para poder ser “más yo y menos tü”, para emprender ese viaje vital que, si culmina con éxito, nos permitirá sacar todo nuestro potencial.

Este Juan Salvador interno se enfrenta a dos grandes miedos: en primer lugar el miedo al rechazo de la bandada, a que los otros miembros de la familia le dejen de querer y le aparten si no se afana en ser como ellos, a que le llamen  loco (que levante la mano  quien no haya en algún momento experimentado esto). El grupo siempre es muy potente y presiona con mucha fuerza para que nadie se diferencie del resto, para que todos piensen lo mismo como la manera más fácil  de que no surjan los conflictos insalvables que sugirían si se generaran muchas diferencias.  El segundo miedo es el miedo propio a no poder, a que el intento salga mal, es el miedo a fracasar, que se protege con potentes boicoteadores internos que nos previenen en contra de cualquier iniciativa, intentando ahogar nuestra intuición (que levante la mano quien nunca haya experimentado esto).

Juan Salvador Gaviota no se deja paralizar por estos miedos y escucha su voz auténtica que le anima desde dentro a volar más allá de donde acostumbra a volar su grupo y probar los límites de su vuelo. Supera todas las dificultades que se le van poniendo delante hasta convertirse en una gaviota libre, potente y sabia. Entonces consigue pasar a otra dimensión, al “cielo”, que le permite conectar con todo su potencial sin limitaciones y con otras gaviotas que anhelaban lo mismo que el.

Disfruta entonces cada segundo de su vuelo, se supera más y más. Hasta llegar a un punto que necesita encontrar un nuevo para qué. Descubre que quiere enseñar, que quiere acompañar a otras gaviotas a que se animen a hacer este viaje de crecimiento y superación. Un viaje que no tiene que ver con transformarte en otro sino en ser  más tú que nunca, en sacar todo el potencial que traemos con nosotros al nacer, y que a veces perdemos en algún punto del camino.

Coral López

 

 

 

 

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Pensamientos sobre “Open”, las memorias de Andre Agassi

AGASSI

“El trabajo más importante del ser humano es descubrir quienes somos” decía el nóbel Hermann Hesse en Shidhartta. Esto significa discriminar qué es mío y qué cosas absorbí de otros, de mi padre, de mi madre, de sus anhelos no cumplidos, de sus manías, de sus conflictos, por mi miedo a ser distinto, por mi temor infantil a ser dejado de lado.

Los seres humanos para conseguir hacernos protagonistas de nuestras propias vidas necesitamos realizar este trabajo interno de arqueología para encontrarnos y descubrir cuales son nuestros propios anhelos, nuestros talentos, nuestras capacidades, aquellas que nacieron con nosotros pero que quizá nunca tuvimos la oportunidad de desarrollar. De lo contrario, malgastaremos el tiempo de nuestra vida completando la vida de otros, atrapados en los conflictos no resueltos de otros, mientras nuestra alma llora en silencio por todas aquellas partes de nosotros mismos que no consiguieron nacer a la vida.

“Open”, el libro de memorias de Andre Agassi es un magnífico reflejo de esta realidad. Ya desde la primera página nos enseña que este no es un libro que habla solo de deporte: “Abro los ojos y no se donde estoy, ni quién soy. No es algo tan excepcional. Llevo media vida sin saberlo. Desde que abro los ojos soy un desconocido para mi mismo (…) juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión y siempre lo he detestado” .

Agassi se abre de verdad –como promete el título- y nos deja entrar a mirar cuales fueron las circunstancias vitales que le llevaron a ser uno de los mejores tenistas de la historia del tenis.

Me interesaron sobre todo los capítulos en los que muestra su historia familiar, su infancia, en los que habla de la presión a la que les sometió su violento padre tanto a el como a su hermano mayor Philly para que hicieran realidad el destino que el había dibujado para ellos. Esto les sometió a una presión tan grande que ambos crecieron con la angustia permanente de ser unos perdedores. Desde la cuna el padre ataba ya una pala de ping-pong a la muñeca de su hijo y le colgaba un móvil de pelotas en el techo, ocupó todo el jardín de la casa con una pista de tenis en la que construyó al “dragón”, una vertiginosa máquina lanza-pelotas ante la que el pequeño Andre pasaba todas, absolutamente todas, las horas libres del día, obligado a devolver las bolas hasta caer agotado.

“Nadie me preguntó nunca si quería jugar al tenis, ni mucho menos si quería hacer del tenis mi vida”, “si tengo que jugar a algo para complacer a mi padre, preferiría al futbol. En el colegio jugamos y me encanta correr por el campo y sentir el viento en el pelo y pedir la pelota a gritos y saber que el mundo no se acaba si no marco un gol”.

Agassi. NIÑO

El libro es un viaje muy interesante de revisión sobre la vida de Andre Aggasi, su infancia, su afortunada rebeldía adolescente que le permitió comenzar a ganar individualidad, a dejar de ser el prisionero de los deseos de los demás. Un viaje sobre su habilidad para seleccionar aquellos buenos amigos y profesionales de los que se iba a rodear desde entonces y que le iban a aportar el apoyo que nunca antes había tenido. Un viaje que le conduce a encontrar su verdadera vocación: la educación, desde la que intentará reparar su propia infancia, a través de proporcionar a otros niños aquello tan importante de lo que él había carecido.

Andre habla de la academia cutre a la que acudía a estudiar, después de sus entrenamientos diarios, como un lugar horrible: “lo que más miedo me da es el momento, que se produce a diario, en el que se me expone ante los demás como un perdedor, un fracasado”. Cuenta que solo era bueno en literatura y que llamó la atención de su profesora escribiendo poemas. Ella en una ocasión se le acercó y le dijo “tienes un verdadero talento para la literatura”.

Puede que al final este sincero libro de memorias, en caso de haber sido escrito de su puño y letra, sea la manifestación de aquel talento que identificó tempranamente su profesora. El triunfo de un talento genuino sobre otro que fue dolorosamente impuesto. “Yo no siento que Wimbledon me haya cambiado. De hecho me siento como si me hubiera hecho partícipe de un secreto sórdido: ganar no cambia nada (…) Se algo que se permite saber a pocas personas en este mundo: las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal nos hacen sentir las derrotas, y las buenas sensaciones no duran tanto como las malas”.

He disfrutado muchísimo leyéndolo. Os lo recomiendo.

Coral López