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MI CASA EN PARÍS

F Mi casa en París

Con esta cita de Samuel Becket: “Si tu no me amas nadie me amará”, escrita sobre un muro, comienza y termina esta película.

Entras al cine esperando que vas a reír en una comedia. Te ves metido dentro de una obra expléndida que retrata nuestra relación con nuestras emociones más intensas.. Un poco como la vida: entramos con la expectativa de pasárnoslo bien, pero nos pasan cosas desde el minuto en que nacemos, que o tenemos el coraje de tratar de pensarlas, o nunca nos vamos a ver libres de ellas.

La película habla de como los padres tienen una influencia decisiva en la autoestima de sus hijos “ en esa invención humana que llamamos infancia”, o lo que es lo mismo en su capacidad futura para quererse a sí mismos. Uno de mis maestros en psicología, Jorge Thomas, me enseñó que, como dice la Biblia, las personas nacemos con un pecado original, con una mancha, que es resultado de los conflictos no resueltos de nuestros padres. Sin haber hecho nada para merecérnoslos, absorbemos una parte de ellos por el mero hecho de pertenecer a esa familia. La vida consiste después en tratar de liberarnos de esa mancha. Esta película habla de ésto.

Kevin Klein, en una interpretación memorable, nos dice: “Nadie nace y el médico dice tiene todos los dedos de las manos, todos sus dedos de los pies y viene con toda su autoestima. Esto no funciona así” porque  nuestra capacidad de autoestima dependerá de la capacidad que tengan nuestros padres para amarnos (para cuidarnos, para respetarnos, para transmitirnos esperanza, para conocernos, para ponerse en nuestro lugar, etc…)

En París, yendo a recoger una herencia, el protagonista se sumerge sin buscarlo en el pasado para bucear en la vida de su padre y, a través de ello, encontrar el significado a su propia vida. Una viaje, la vida es un viaje y la vida es cómo gestionamos la herencia que recibimos.

En relación a las emociones, me gustaría haber oído hablar de esta película tanto, por lo menos, como de la película de Disney –Pixar “Del revés”. Entre las dos me quedo sin duda con ésta: nos pone en contacto con nuestras emociones infantiles, nos enseña lo necesario que es hablar de lo que sentimos y nos muestra lo que es reparar lo que duele por dentro.

Una comedia dramática interpretada de manera sublime.

Coral López.

 

 

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“Relatos salvajes”

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Esta interesante película argentina habla de las pasiones humanas, que nos igualan a todos, pues se dan igual en pobres y ricos, hombres y mujeres.

Escrita y dirigida magistralmente por Damián Szifron, es una antología de seis cortos, independientes entre sí, pero que todos guardan un denominador común. “He querido encontrar el conflicto y tratar ese conflicto de la forma más directa” -declara Szifron-

Y tantos y tan intensos son los conflictos que se muestran que las emociones son llevadas a extremos: el rencor, el odio, el resentimiento, la rivalidad, la frustración, la avaricia, la cobardía, los celos, la venganza…¿quien no ha sentido alguna vez deseos de culpabilizar a otros por los fracasos propios y vengarse de ellos? ¿O ganas de matar a otro conductor que nos hace una faena al volante? ¿O una enorme frustración ante las reclamaciones a organismos oficiales? ¿Deseos de venganza ante un daño o perjuicio infligido a un ser querido? ¿Querer proteger a un familiar u amigo aun saltándose los limites legales? ¿Y qué decir de los celos, que pueden hacer perder la cabeza y desear lo peor a la persona amada?

Todas estas cuestiones, y la violencia irracional y sin control que acarrean, son tratadas en esta original película, con personajes reales que facilitan la identificación y con situaciones que nos plantean la cuestión: todos podemos tener fantasías salvajes en algunos momentos de nuestra vida, pero ¿a donde nos conduce dejarnos llevar por el impulso irracional que nos empuja a cumplirlas? Esta pregunta sugiere  plantearnos limites muy importantes en nuestras vidas: el límite entre la fantasía y la realidad o entre el pensamiento y la acción. Diferenciar la fantasía de la realidad nos permite mantener en el pensamiento algunas ideas, emociones o sensaciones que podrían ser muy conflictivas si las llevamos a la acción. Pensar o recapacitar va en contra de la actuación porque no se va a poder disfrutar del placer de la descarga de la agresión.  Si uno piensa, no descarga y hay frustración, pero esta frustración es necesaria de soportar para no vivir bajo el mandato de los impulsos, que como vemos en la película, pueden llevarnos a fines desastrosos. Pensar amenaza la satisfacción de actuar y agredir a los demás. Si se reflexiona, se piensa y se recapacita sobre algo que puede ser peligroso es más probable que no se lleve a la acción.

A los que os gusten las películas que os hagan sentir y pensar, os sugiero ir a verla.

Patricia Soláns

Comunicación frente a exhibición: BOYHOOD

BoyHood

Preciosa película que nos muestra como el recorrido de nuestras vidas nos va llevando a través de un sinfín de cambios, encuentros, separaciones, pérdidas, en relación a todas las personas que forman, en algún momento, parte de nuestra existencia. Esta película nos habla de esto: de las emociones y de la manera en la que nos comunicamos. Hay amistad, amor, frustración, incomprensión, esperanza. Todo ello contado de una forma muy bella, filmada originalmente a lo largo de 12 años reales de la vida de sus actores, lo que hace de la película una experiencia absolutamente cercana y creíble.

Vemos a una madre que repite un patrón de relaciones fracasadas de pareja, que lucha por dar estabilidad económica a la vida de sus hijos, pero que ese esfuerzo diario le deja poco tiempo para comunicarse con ellos. Vemos a un padre con poca suerte profesional, que les aporta en cambio diversión, que sabe como conectar con ellos, que establece una buena comunicación emocional, dentro de la cual les va dando su visión de lo que es la vida.
Hay diálogos sublimes, que reflejan a la perfección la vida misma, como cuando el padre habla sobre métodos anticonceptivos a una hija que se muere de vergüenza al escucharle o cuando se rebela dentro del coche contra la escueta comunicación que le reportan sus hijos adolescentes o cuando padre e hijo filosofan sobre el desengaño amoroso.
La película me parece un bonito homenaje a la comunicación íntima entre las personas, algo que cobra un valor especial en una época en la que vemos como se va imponiendo una especie de pseudo-comunicación exhibicionista en las redes que nada tiene que ver con compartir intimidad. En una de las escenas el hijo, al que acaba de traicionar la novia, le comunica a ella que está pensando borrarse de Facebook. Ella le acusa de ser un bicho raro. No es tan grave que se rompa la relación entre ellos, viene a decirle, ¡lo terriblemente grave es no estar en Facebook!
Cuando hacia el final de la película los hijos, ya crecidos, se preparan para dejar la casa y marcharse a la universidad, la madre siente, desesperada, que su vida se termina. Quizá porque su inmenso esfuerzo por alcanzar el éxito y la estabilidad no le han dejado demasiado tiempo para saborear cada uno de los momentos de la vida en común y ahora siente que no le queda nada entre las manos. El hijo responde a la madre intentando ayudarle a tomar perspectiva: ¿mamá, no crees que te estas adelantando cuarenta años? Que es como si le dijera se acaba una etapa pero empieza otra, no es el final, solo tienes que decidir que es lo que quieres hacer con tu vida en esta nueva etapa.
En este momento aparece la imagen de una carretera directa hacia el horizonte, que parece invitarnos a transitarla diciéndonos toma las riendas de tu vida, deshazte  de lo que tengas que dejar atrás y vive de verdad sin miedo a sumergirte en etapas nuevas que la vida te pone por delante.
Una frase de las últimas escenas nos regala la siguiente reflexión: “pensamos que hay que aprovechar el momento y no nos damos cuenta que son los momentos los que se aprovechan de nosotros”.

Yo me quedo con esta idea: aprovecha cada momento y aprende que quizá el secreto de la vida sea la capacidad de decir adiós a unas etapas para abrir los brazos a etapas nuevas, sin quedarnos nunca atrapados en ninguna de ellas.

¿Y tu, con qué te quedas?

Coral López