Archivos Mensuales: diciembre 2014

¿Qué es el inconsciente?

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Alguien me contó una vez que estando recién casado, y con mucha ilusión con su nuevo matrimonio, se descubría a si mismo haciendo algo que no entendía. Al salir del trabajo y tomando dirección hacia su nueva casa donde le esperaba su recién estrenada esposa, de pronto se encontraba en la puerta de la casa de sus padres. Había llegado hasta allí sin ser consciente de ello. ¿Qué le había conducido hasta allí?

En ocasiones, podemos olvidar algo importante sin saber porqué, o tener un sueño con algo que nunca querrías que pasara, o confundir el nombre de la persona amada con el de otra persona de una antigua relación frustrada… En el interior de cada uno de nosotros puede haber elementos opuestos, enfrentados y a veces confusos: se puede amar y odiar a la misma persona, desear y no desear lo mismo, saber y no saber algo, etc.

image Freud descubrió que los sueños, los actos fallidos (acciones aparentemente desprovistas de sentido por ser contrarias a la intención de la persona que las realiza) y los lapsus verbales (confusiones verbales) son las pruebas de que existe el inconsciente, uno de los sistemas del aparato psíquico y la región más profunda de la mente. Se refirió a él como los contenidos y procesos mentales que quedan fuera de la conciencia y que no pueden llegar a ella debido a que existe censura o represión. Estos contenidos mentales inconscientes suelen ser impulsos, instintos, recuerdos o deseos inaceptables para la persona, que empujan, a pesar de la censura, por hacerse conscientes. Cuando el conflicto entre consciente e inconsciente es irresoluble, se pueden desencadenar síntomas neuróticos.

Será a través del trabajo de la terapia como podremos hacer consciente lo inconsciente. Los efectos de la psicoterapia levantaran la censura y la represión y podrá brotar toda la fuerza y riqueza emocional que procede del inconsciente.

Patricia Solans

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LO QUE NECESITAN LOS NIÑOS

MALVAVISCO

Porque como decía Plutarco en su célebre frase: “La mente no es un vaso para llenar, sino una lámpara para encender”. Por eso:

1.- Escucha a tu hijo sin interrumpirle ni dar por hecho lo que va a decir. Déjale espacio para expresarse. Si se atasca o tartamudea no termines nunca las frases por el.

2.- Presta sobre todo atención y recoge la emoción que subyace a las cosas que te cuenta. “Esto debe hacerte sentir muy enfadado” o “seguro que te pone muy contento”, mas que entrar a valorar el contenido concreto de lo que te cuenta o a darle un consejo. Recogiendo su emoción le ayudas a desarrollar inteligencia emocional.

3.- No pienses por tu hijo. No le des las soluciones ni las respuestas. Lo mejor que se puede hacer por un niño cuando nos pregunta es devolverle la pregunta “¿Y tu que crees?”. De nada vale que le explique a mi hijo de 5 años por qué no se cae la luna, simplemente lo memorizará o lo olvidará, solo se quedará con la idea de que listo es su papá. Si le devuelvo la pregunta el niño pondrá a trabajar su imaginación, su pensamiento. Esto es realmente lo importante, que encienda su propia lámpara.

4.- Déjale controlar su pequeño mundo. Que elija que ropa se pone hoy, que decore a su manera su habitación, que pueda decidir quien entra y quien deja fuera de su cuarto. Permítele que te eche de su cuarto cuando se enfada contigo. Déjale servirse en el plato la cantidad que quiera. Le ayudarás a desarrollar su sentimiento de autoestima.

5.- Déjale opinar. Interésate por su punto de vista. No juzgues sus respuestas como buenas o malas pues de lo contrario no se atreverá a volver a dar su opinión, no desarrollará su criterio propio. Sólo si no le juzgas sentirá que la relación contigo es un espacio seguro en el que puede compartir lo que piensa. Pregúntale el por qué de las cosas que expresa y pide que razone lo que dice.

6..- No le preguntes que hizo hoy en el colegio, qué comió. Al final los niños se acorazan contra las preguntas. Cuéntale mejor como te fue a ti tu día, lo mejor y lo peor que te ha pasado. El te contará como le fue el suyo.

7.- No le controles, no estés encima de el. Si la relación que estableces con él es de control no le dejarás crecer, porque el mensaje que le envías es que solo tu sabes como se hacen las cosas. A el solo le quedará desentenderse. Luego te quejaras de que tu hijo está desmotivado.

8.- No hagas nada por él que pueda hacer él por si mismo. Déjale probar y equivocarse.

9.- Por supuesto no le grites, no le ofendas.

10.- Cuando se enfade permítele decir que no te quiere, que eres mala o malo, que eres una mala madre.

11.- No le digas lo guapo ni lo listo que es. Refuerzale las ganas de aprender que tiene y el esfuerzo que ha hecho cada vez que te muestre las cosas que hace.

12.- Reconoce delante de él cuando te has equivocado o metido la pata. Aprenderá a hacer lo mismo. Los niños aprenden de lo que hacemos, no de lo que decimos.

Recuerda que la familia es el primer laboratorio de la vida. Lo niños practican en ella lo que luego se llevan fuera. Si el niño solo aprende a obedecer y no a pensar, obedecerá luego en el grupo de amigos, no tendrá criterio propio, buscará quien le dirija.

Coral López

SUEÑOS

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¿QUE PIENSAS DE LOS SUEÑOS?

Me gustaría complementar la sección de sueños  aportando un breve análisis de algunos sueños trabajados en sesiones de psicoterapia a lo largo de mi trayectoria profesional. Estos sueños serán publicados siempre con el consentimiento y la aprobación de la persona que los soñó y manteniendo oculta su identidad.

Nuestro interés es compartir y mostrar la importante tarea que se consigue en psicoterapia en el sentido de descubrir aspectos desconocidos del mundo interno y ver cómo los sueños son una herramienta clave para ello. Al desenredar y elaborar los conflictos ocultos en el inconsciente abrimos la puerta al crecimiento personal.

Quizá este tema motive la curiosidad por la enorme riqueza que procede del inconsciente, cuyo acceso más directo, además de los lapsus y los actos fallidos, es a través de los sueños. Freud, en 1900, habló de los sueños como “la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente , dentro de la vida anímica”.

Un adolescente de 15 años, que coquetea con las drogas, sueña lo siguiente:
“Voy conduciendo un coche, aunque curiosamente no sé conducir. Voy por caminos llenos de barro y curvas y empiezo a notar que el coche se acelera solo y va alto de revoluciones. Cada vez es más fuerte la fuerza que coge y empiezo a pisar el freno con todas mis fuerzas pero el coche no frena. Después de mucho esfuerzo consigo pararlo algo y pienso que la única solución es sacar la llave y desconectar el motor para no estrellarme. Ahí me despierto”

Tras un análisis del contexto en que tuvo lugar el sueño y de las asociaciones que el paciente aportó, podemos pensar que el sueño está hablando de impulsos sin control que deben tener que ver con la agresividad y la sexualidad, ante los cuales este adolescente siente que se queda sin recursos mentales para poner freno y que encuentra, como forma de enfrentar el problema, la desconexión, en este caso a través de las drogas.

La psicoterapia le ayudó a aprender a conducir sus impulsos emocionales adecuadamente a través del pensamiento, sin desconectarse, y a discriminar cuando en la vida, ante situaciones difíciles, uno tiene que frenar, cambiar de dirección o acelerar, para no estrellarse.

Patricia Soláns

¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?

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Ante todo es importante diferenciar entre la ansiedad normal, que se da en todos los seres humanos ante una situación nueva o de cambio en la vida, y la ansiedad patológica, que es una reacción exagerada, por su intensidad o por su duración, en la cual la persona se siente angustiada sin saber porqué, o hay una angustia desproporcionada a las situaciones que se están viviendo, cuyas circunstancias no justifican la explosión de tal angustia.

Y partiendo de esta diferenciación me referiré a la ansiedad patológica que es necesaria de ser tratada.

La ansiedad es un síntoma que delata un conflicto latente. Podríamos compararlo con la fiebre como síntoma de un proceso infeccioso; podemos tratar la fiebre, pero, si no curamos la infección, el problema resurgirá.

Por ello, desde nuestro enfoque psicoterapéutico, nos centramos en el conflicto que subyace, en la raíz del problema, que es el que está produciendo ansiedad.  Vamos más allá de la simple eliminación de síntomas, tratamos de entender qué los está produciendo, ofreciendo en el tratamiento una herramienta para traducir la ansiedad en palabras, buscando de dónde proceden los temores que nos hacen sentir un excesivo estado mental de angustia. El síntoma (en este caso, la ansiedad) desaparecerá cuando ya no sea necesario para expresar un conflicto, ya que éste se ha podido resolver verbalmente.

Es frecuente descubrir la ansiedad en el cuerpo: trastornos intestinales, problemas en la piel, insomnio, taquicardias, sudoración excesiva, dificultades respiratorias… Si la ansiedad no se expresa mentalmente a través del lenguaje es el cuerpo el que se encarga de hacerla evidente.

Una vez que el médico advierta que se trata de un problema de ansiedad, es necesario resolverla en un tratamiento de psicoterapia donde se pueda trabajar el conflicto que subyace, ya que la medicación (que en algunos casos severos es necesaria) taparía los síntomas sin entenderlos.

De la elección del tipo de tratamiento dependerá que se resuelva el problema de raíz, o que se camuflen los síntomas.

Patricia Solans