Archivos Mensuales: noviembre 2014

CÁNCER: UNA RELACIÓN CUERPO-MENTE

CANCER

Sabemos por los estudios científicos sobre cáncer que nuestro organismo desarrolla en determinados momentos de nuestras vidas células tumorales, que la mayoría de las veces son directamente destruidas y reabsorbidas por la acción de nuestro sistema inmunológico.

Existen sin embargo situaciones emocionales intensas que influyen sobre nuestro sistema inmunológico haciendo que se deprima y deje de ser tan eficaz. Situaciones relacionadas con estrés intenso, con ansiedad mantenida, con vivencias de duelo que influyen y afectan a nuestro sistema inmunológico. Cuando éste se deprime, las células, que en otro momento hubieran sido destruidas, proliferan constituyendo un determinado tumor.

Algunos ejemplos: Muere un joven de leucemia, su padre desarrolla un cáncer de laringe ocho meses después. Una persona es despedida inesperadamente, dos meses más tarde es diagnosticada de una leucemia. Muere el marido de una pareja que llevaban juntos cincuenta años, a los seis meses se detecta un cáncer en la mujer.

Pocas veces en medicina se pregunta a los pacientes con cáncer por la situaciones vitales que han rodeado a la aparición de su enfermedad. Desde la psicología se presta especial atención esta relación. Cuando trabajamos con personas que padecen cáncer les preguntamos qué ocurrió en su vida, qué les afectó intensamente a nivel emocional, en los meses inmediatos a que les diagnosticaran la enfermedad. En la casi totalidad de los casos las personas identifican esa situación dramática: una muerte inesperada, un despido laboral, un hijo que enfermó gravemente, una traición de un socio, una separación dolorosa, un desengaño amoroso, etc.

Conocer esta relación es importante para ayudar a las personas con cáncer a hacerse fuertes contra su enfermedad a través de desarrollar los recursos mentales que necesitan en estos momentos. Si al mismo tiempo que la medicina actúa para eliminar el cáncer, con todo el conjunto de tratamientos de los que dispone, el enfermo asume un papel activo en el proceso de la enfermedad a través de revisar y “digerir”  las emociones que ayudaron a que el tumor apareciera, la intervención y el esfuerzo se hacen mucho mas completos.

Es muy frecuente descubrir en estas personas una respuesta consistente en tragarse la angustia, en no expresarla, en no darle salida ante las situaciones que les impactaron emocionalmente previamente a la aparición del cáncer. Solemos encontrar con mucha frecuencia duelos no elaborados, emociones potentísimas no digeridas.

Es muy necesario para estas personas poder contar con el acompañamiento de un profesional que sepa como ayudarles a expresar las emociones que directamente se tragaron sin expresar, de manera que puedan elaborar situaciones emocionales no resueltas.

Hay una tendencia muy extendida a pensar que siendo optimista, que siendo positivo, es todo cuanto hace falta para poder superar un cáncer. No es verdad, no es suficiente. Hace falta algo más que ser positivo.

Al tiempo que los pacientes están siendo tratados médicamente, es importante acompañarlos desde el punto de vista emocional a través de enfoques centrados en las interacciones entre la mente y el cuerpo, prestando atención a las creencias, actitudes, estilo de vida, funcionamientos psicológicos, que están afectando dramáticamente a su salud.

Coral López

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“Relatos salvajes”

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Esta interesante película argentina habla de las pasiones humanas, que nos igualan a todos, pues se dan igual en pobres y ricos, hombres y mujeres.

Escrita y dirigida magistralmente por Damián Szifron, es una antología de seis cortos, independientes entre sí, pero que todos guardan un denominador común. “He querido encontrar el conflicto y tratar ese conflicto de la forma más directa” -declara Szifron-

Y tantos y tan intensos son los conflictos que se muestran que las emociones son llevadas a extremos: el rencor, el odio, el resentimiento, la rivalidad, la frustración, la avaricia, la cobardía, los celos, la venganza…¿quien no ha sentido alguna vez deseos de culpabilizar a otros por los fracasos propios y vengarse de ellos? ¿O ganas de matar a otro conductor que nos hace una faena al volante? ¿O una enorme frustración ante las reclamaciones a organismos oficiales? ¿Deseos de venganza ante un daño o perjuicio infligido a un ser querido? ¿Querer proteger a un familiar u amigo aun saltándose los limites legales? ¿Y qué decir de los celos, que pueden hacer perder la cabeza y desear lo peor a la persona amada?

Todas estas cuestiones, y la violencia irracional y sin control que acarrean, son tratadas en esta original película, con personajes reales que facilitan la identificación y con situaciones que nos plantean la cuestión: todos podemos tener fantasías salvajes en algunos momentos de nuestra vida, pero ¿a donde nos conduce dejarnos llevar por el impulso irracional que nos empuja a cumplirlas? Esta pregunta sugiere  plantearnos limites muy importantes en nuestras vidas: el límite entre la fantasía y la realidad o entre el pensamiento y la acción. Diferenciar la fantasía de la realidad nos permite mantener en el pensamiento algunas ideas, emociones o sensaciones que podrían ser muy conflictivas si las llevamos a la acción. Pensar o recapacitar va en contra de la actuación porque no se va a poder disfrutar del placer de la descarga de la agresión.  Si uno piensa, no descarga y hay frustración, pero esta frustración es necesaria de soportar para no vivir bajo el mandato de los impulsos, que como vemos en la película, pueden llevarnos a fines desastrosos. Pensar amenaza la satisfacción de actuar y agredir a los demás. Si se reflexiona, se piensa y se recapacita sobre algo que puede ser peligroso es más probable que no se lleve a la acción.

A los que os gusten las películas que os hagan sentir y pensar, os sugiero ir a verla.

Patricia Soláns

¿PARA QUÉ SIRVEN LOS SUEÑOS?

 

SUEÑO 2

 

Una mujer joven sueña que baila formidablemente , un niño sueña que recorre su casa en la noche con una linterna en la mano, una anciana sueña que alguien devora un bebe, un enfermo de cáncer sueña que le pasa por delante, en una estación, el vagón de carga de un tren lleno de cadáveres de soldados muertos.

Los sueños son pensamientos en forma de imágenes. A través de ellos expresamos cosas, nos decimos cosas. Al soñar nuestra mente nos pone delante de los ojos cuáles son nuestros conflictos emocionales no resueltos, como un recordatorio periódico, como un ejercicio para encontrar la manera de repararse y mejorarse a si misma.

Cuando soñamos nuestra mente hace una función muy parecida a la que hace nuestro estómago cuando comemos, que consiste de digerir nuestra experiencia emocional del momento. Gracias a esta digestión la experiencia emocional puede ser transformada, comprendida y almacenada en forma de memoria.

Los sueños son una radiografía natural que nos devuelve la imagen de cómo nos han impactado emocionalmente los acontecimientos más significativos  del día.

Los sueños pertenecen al proceso primario de nuestro pensamiento, mientras que nuestros pensamientos conscientes pertenecen al proceso secundario. Es algo así como estar pensando en dos planos a la vez.

Este proceso primario se hace visible a través de los sueños nocturnos; los sueños diurnos, que es cuando nuestra mente se va y empieza a divagar despierta y nos damos cuenta, después, que acabamos de montarnos toda una película mientras estábamos, por ejemplo, en nuestro coche, esperando a que el semáforo se pusiera en verde; y por último también a través de los actos fallidos.

No soñamos solo cuando estamos dormidos. Soñamos todo el tiempo. Ese proceso primario del que os hablaba está activo todo el rato. Pero solo somos capaces de captarlo cuando el resto de las funciones de nuestro pensamiento están dormidas.

No todas las personas sueñan. Hay muchas personas que viven siempre dentro de un sueño, que significa que no pueden diferenciar entre lo que es soñar y lo que es estar despierto. Están atrapados. Pero éstas son solo las personas que están diagnosticadas de enfermedades mentales severas.

El resto de personas, todas soñamos, solo que unas nos acordamos al despertar y otras no nos acordamos. Cuando no nos acordamos suele ser porque estamos viviendo etapas de andar muy desconectados. Pero basta que alguien se interese por lo que soñamos, como cuando entramos en una psicoterapia, para que empecemos a recordar nuestros sueños con facilidad.

No quiero cansaros. Lo dejamos aquí. En mi próximo post os hablaré de qué quieren decir los diferentes personajes que salen en nuestros sueños.

Coral López

La Psicoterapia hoy. ¿Podemos vivir sin pensar?

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Algunas emociones son dolorosas y hay personas que prefieren no pensarlas, no saber que existen o intentar no sentirlas.

Me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre que pasa cuando el conflicto que subyace a los síntomas no se trata.

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Cada vez observamos más en las consultas de psicología la llegada de pacientes que viven inmersos en el mundo de la acción y poco en el mundo del pensamiento. Si no profundizamos en este hecho esto podría parecer que tiene poca importancia, pero en realidad si la tiene, pues el mundo de la acción nos lleva a la falta de reflexión y eso supondría hacer las cosas sin pensar, con las consecuencias que ello acarrea.

Cuando un conflicto no se piensa no se puede digerir y por ello, al no dar salida a ese conflicto a través del pensamiento y de la palabra, las posibilidades de darle salida son:

descontrol en la acción
somatizaciones
drogas
psicosis

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Ninguna de estas salidas es saludable para el funcionamiento mental. Pensemos algo sobre cada una de ellas.

Vivir en la acción es una forma de vivir sin pensar. Es una defensa para no pensar cosas dolorosas. Muchas personas viven corriendo de un lado a otro sin detenerse a sentir o a pensar. Otras se enredan en conductas descontroladas como puede ser el comer en exceso o, en un caso extremó, conductas delictivas.

En cuanto a los trastornos psicosomáticos podríamos hacer un paralelismo entre el funcionamiento mental y el funcionamiento del aparato digestivo. Pensar y sentir las emociones es la forma que tiene nuestro aparato mental para digerirlas, elaborarlas. Cuando las emociones no llevan su proceso de digestión mental, es el cuerpo el que se convierte en depositario de ellas sufriendo desde pequeñas molestias (dolores de cabeza, molestias digestivas…) hasta enfermedades de mayor consideración (colitis ulcerosa, obesidad, asma bronquial, algunos desórdenes cardiovasculares, hipertensión, migrañas, algunas enfermedades de la piel, etc).

Una salida muy común y, en parte, socialmente aceptada, al conflicto psíquico, son las drogas. Desde el tabaco que “calma la ansiedad” hasta la heroína que “tranquiliza las angustias más persecutorias”. Pero las drogas, sean en forma de alcohol, de cocaína o, en el mejor de los casos, en forma de “pastillas para la ansiedad”, no resuelven el conflicto, sino que lo camuflan, lo tapan.
Es ahí donde cada cual elige que quiere hacer con su vida: si vivir tapando los problemas y los conflictos o vivir pudiendo pensar en ellos, aunque duelan, porque queramos o no, los conflictos son parte de la vida.

Todas las conductas anteriormente descritas conllevan en mayor o menor grado vivir en la desconexión emocional, pero podríamos decir que en la psicosis esto ocurre como una forma extrema de la mente para no sentir dolor psíquico.

Patricia Solans

Pensamientos sobre “Open”, las memorias de Andre Agassi

AGASSI

“El trabajo más importante del ser humano es descubrir quienes somos” decía el nóbel Hermann Hesse en Shidhartta. Esto significa discriminar qué es mío y qué cosas absorbí de otros, de mi padre, de mi madre, de sus anhelos no cumplidos, de sus manías, de sus conflictos, por mi miedo a ser distinto, por mi temor infantil a ser dejado de lado.

Los seres humanos para conseguir hacernos protagonistas de nuestras propias vidas necesitamos realizar este trabajo interno de arqueología para encontrarnos y descubrir cuales son nuestros propios anhelos, nuestros talentos, nuestras capacidades, aquellas que nacieron con nosotros pero que quizá nunca tuvimos la oportunidad de desarrollar. De lo contrario, malgastaremos el tiempo de nuestra vida completando la vida de otros, atrapados en los conflictos no resueltos de otros, mientras nuestra alma llora en silencio por todas aquellas partes de nosotros mismos que no consiguieron nacer a la vida.

“Open”, el libro de memorias de Andre Agassi es un magnífico reflejo de esta realidad. Ya desde la primera página nos enseña que este no es un libro que habla solo de deporte: “Abro los ojos y no se donde estoy, ni quién soy. No es algo tan excepcional. Llevo media vida sin saberlo. Desde que abro los ojos soy un desconocido para mi mismo (…) juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión y siempre lo he detestado” .

Agassi se abre de verdad –como promete el título- y nos deja entrar a mirar cuales fueron las circunstancias vitales que le llevaron a ser uno de los mejores tenistas de la historia del tenis.

Me interesaron sobre todo los capítulos en los que muestra su historia familiar, su infancia, en los que habla de la presión a la que les sometió su violento padre tanto a el como a su hermano mayor Philly para que hicieran realidad el destino que el había dibujado para ellos. Esto les sometió a una presión tan grande que ambos crecieron con la angustia permanente de ser unos perdedores. Desde la cuna el padre ataba ya una pala de ping-pong a la muñeca de su hijo y le colgaba un móvil de pelotas en el techo, ocupó todo el jardín de la casa con una pista de tenis en la que construyó al “dragón”, una vertiginosa máquina lanza-pelotas ante la que el pequeño Andre pasaba todas, absolutamente todas, las horas libres del día, obligado a devolver las bolas hasta caer agotado.

“Nadie me preguntó nunca si quería jugar al tenis, ni mucho menos si quería hacer del tenis mi vida”, “si tengo que jugar a algo para complacer a mi padre, preferiría al futbol. En el colegio jugamos y me encanta correr por el campo y sentir el viento en el pelo y pedir la pelota a gritos y saber que el mundo no se acaba si no marco un gol”.

Agassi. NIÑO

El libro es un viaje muy interesante de revisión sobre la vida de Andre Aggasi, su infancia, su afortunada rebeldía adolescente que le permitió comenzar a ganar individualidad, a dejar de ser el prisionero de los deseos de los demás. Un viaje sobre su habilidad para seleccionar aquellos buenos amigos y profesionales de los que se iba a rodear desde entonces y que le iban a aportar el apoyo que nunca antes había tenido. Un viaje que le conduce a encontrar su verdadera vocación: la educación, desde la que intentará reparar su propia infancia, a través de proporcionar a otros niños aquello tan importante de lo que él había carecido.

Andre habla de la academia cutre a la que acudía a estudiar, después de sus entrenamientos diarios, como un lugar horrible: “lo que más miedo me da es el momento, que se produce a diario, en el que se me expone ante los demás como un perdedor, un fracasado”. Cuenta que solo era bueno en literatura y que llamó la atención de su profesora escribiendo poemas. Ella en una ocasión se le acercó y le dijo “tienes un verdadero talento para la literatura”.

Puede que al final este sincero libro de memorias, en caso de haber sido escrito de su puño y letra, sea la manifestación de aquel talento que identificó tempranamente su profesora. El triunfo de un talento genuino sobre otro que fue dolorosamente impuesto. “Yo no siento que Wimbledon me haya cambiado. De hecho me siento como si me hubiera hecho partícipe de un secreto sórdido: ganar no cambia nada (…) Se algo que se permite saber a pocas personas en este mundo: las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal nos hacen sentir las derrotas, y las buenas sensaciones no duran tanto como las malas”.

He disfrutado muchísimo leyéndolo. Os lo recomiendo.

Coral López